El cáncer es una enfermedad que ha afligido a la especie humana desde la remota antigüedad. Hoy en día se conoce suficientemente sobre esta patología celular y las terapias vigentes, sin duda alguna, han permitido salvar la vida de muchas personas en todo el mundo.
No obstante, aparte de la cirugía precoz, que suele ser curativa en la mayoría los casos, las sesiones de quimio y radioterapia que hoy utilizamos, a pesar de los avances tecnológicos logrados, no deja de ser falible en un cierto porcentaje de casos y conlleva todavía reconocidos efectos colaterales indeseables.
Los costos de estos tratamientos siguen siendo altos y a veces inaccequibles para muchos pacientes en algunos países del mundo. Una situación similar se presenta con otro tipo de patologías, como es el caso del Síndrome de inmunodeficiencia adquirida( S.I.D.A.), donde el costoso y no siempre bien tolerado tratamiento con sustancias antirretrovirales, no ha logrado aun controlar efectivamente el problema de esta penosa enfermedad, que ha sido acertadamente nominada como." el azote del siglo".
Existe también un grupo muy importante de enfermedades que son las llamadas autoinmunes, donde el organismo fabrica proteínas contra sus propios tejidos, produciendo dolencias crónicas, algunas dolorosas, incapacitantes y deformantes, de muy difícil manejo y como las anteriores, de costos onerosos para las instituciones y el paciente, tal es el caso de la artritis reumatoidea, el Síndrome de Sjoengren, la artitis psoríatica, algunas discrácias sanguíneas, atópias alérgicas etc.
En el momento actual, este es un problema que tienen que afrontar las organizaciones mundiales de salud y los gobiernos, los cuales encuentran serias dificultades económicas para sortear las necesidades básicas de atención en la mayoría de los casos. Existe una circunstancia particular asociada a estas enfermedades y es que ellas han generado las especialidades médicas para su tratamiento.
Así surge el oncólogo, el quimioterapeuta, el radioterapeuta, el mastólogo, el infectólogo, el inmunólogo, el reumatólogo, el alergólogo, etc.
En lo general, estos profesionales están entrenados para un ejercicio reductivo, estrictamente sometido a esquemas y protocolos claramente definidos y rara vez aceptan de buen agrado el tratamiento concomitante con otro tipo de terapias, ahora mal llamadas alternativas y menos aun cuando estas son administradas por otros facultativos.Terminada la segunda guerra mundial, el tratamiento del cáncer en Europa y Norteamérica era todavía incipiente. Se utilizaba la quimioterapia con mostazas nitrogenadas y los tratamientos con radioterapia eran peligrosos, inseguros y con fuertes efectos deletéreos para médicos y pacientes .
En ese entonces, un profesor de medicina y cirugía la Universidad de Berlin, el Doctor Walter Kuhlmey, quien estaba encargado de obtener insulina para el estado, descubrió en forma casual , un compuesto proteico derivado de fragmentos celulares esplénicos, el cual inducía cualidades "energéticas" muy particulares en los pacientes a quienes fue administrado. Esta sustancia, que el llamó compuestos CT y posteriormente SP1, exhibía además la propiedad de revertir eficazmente una serie de tumores de tipo carcinoma y sarcomatoso .
Sus experiencias preliminares fueron presentadas en el año de 1953, ante la sociedad oncológica de Madrid y sus trabajos avalados y publicados por esa organización.(1)(2). Motivado por los resultados de sus hallazgos clínicos, el doctor Kuhlmey obtiene un PH; D; en bioquímica y se dedica en compañía de sus hijos Christian y Jürgen ( Médico Internista oncólogo y PH,D en bioquímica respectivamente) al estudio de estos compuestos en su clínica Winnerhof ( Alpes Bávaros) y en su laboratorio HorFerVit Pharma de Oldemburgo ( Alemania).
Estos científicos proponen entonces, el tratamiento metabólico del cáncer, basándose en la teoría de la disminución no tóxica del glicólisis celular.(3) El profesor Kulhmey y sus antecesores, Freund en Viena y Neuberg en Berlin, Mueller, Warburg y Von Euler, algunos de ellos discípulos del famoso premio Nobel de química Dr Kühne, ( padre de las enzimas) habían estudiado el metabolismo celular y las reacciones " fermentativas" que se sucedían en la célula (2). Se conoció que el metabolismo celular ( anabolismo- catabolismo) se encuentra particularmente aumentado en la célula cancerosa y se pensó entonces que interviniendo en dicho metabolismo, a través de la disminución no tóxica de la glicólisis, inducida por el efecto de estos compuestos protéicos, la célula malignizada se vería afectada en su respiración anaeróbica y en su nutrición, evitando su reproducción y logrando consecuentemente, la involución tumoral y la reducción de las metástasis ,con una eventual apoptósis o muerte celular.(3) El proceso de disminución de la glicólisis afecta únicamente a las células con metabolismo anormal.
Estudios posteriores llevados a cabo en forma aislada en algunos países europeos: Alemania, España, Croacia, (6) (7) (8), lograron demostrar que estos compuestos propician la formación de células mononucleares periféricas, incentivan la producción de INF intrínseco y activan la formación de NKC (Células Naturales Asesinas). Los compuestos SP1 (Polyerga) han demostrado su capacidad para reducir el número de metástasis experimentales de pulmón por carcinoma mamario y células de melanoma en animales de experimentación. (9) (10) A pesar de estos esfuerzos de investigación, y su reconocido uso clínico en Europa (11) (12) (13) (14) (15) (16) y algunos países Asiáticos, donde se ha demostrado su eficacia., la utilización de este tipo de sustancias protéicas, ahora llamadas BRMs (Biological Response Modifiers) o APRs (Acute Phase Reactants) y otras denominaciones, sigue siendo en algunas partes, cuestionada y descartada para suvaloración por parte de la medicina halopática reductiva.
No obstante, hoy en día se ha logrado demostrar en Alemania y Norteamérica, que los tratamientos conjugados de tipo oncológico tradicional, asociados a algún tipo de terapia que propicie una mejoría del sistema inmune, conlleva a una mejor evolución clínica, en una mayoría sustancial de los casos tratados (11-16) (20). Este enfoque está ahora, afortunadamente, cobrando un mayor interés y vigencia, en Europa, Asia y finalmente en Norteamérica (20).
La hipótesis del tratamiento metabólico se asocia al concepto de que la célula es una fabrica inteligente de proteínas (del griego "proteus": Lo más importante) y que, cuando su funcionamiento metabólico se encuentra afectado (las reacciones bioquímicas que se presentan en la célula viva), esta nanoanomalía, se traduce en cambios anatómicos y fisiológicos, reconocibles en los cortes anatomopatológicos y en las alteraciones funcionales observadas en la practica médica corriente.
De allí la importancia actual del estudio de las alteraciones metabólicas y la patología bioquímica y molecular. (19). Asimismo, se asume actualmente que, cuando se le suministran a una célula o tejido específico en deterioro, elementos protéicos ( núcleo y citoplasmáticos) de bajo peso molecular (L.M.W.), sanos y compatibles, asociados a ese tejido particular, esta misma célula inteligente, los aprovecharía para reparar y construir nuevas proteínas relacionadas con dicho sistema, tratando de suplir la deficiencia que afecte al mismo, lo cual permitiría su autorregulación y modulación.
Este fenómeno se puede constatar muy bien en la clínica con la administración de insulina, calcio, vitaminas e inmunoglobulinas en enfermedades carenciales donde la sustancia mineral o protéica se dirige y beneficia selectivamente al órgano o sistema afectado.
Algunos autores suponen también, que los péptidos linforeticulares de bajo peso molecular, son seleccionados principalmente por las cadenas de ácidos nucléicos citoplasmáticos, especialmente por el RNA transportador, para suministrar aminoácidos adecuados y compatibles al ribosoma celular, estructura esta, donde se lleva a cabo la síntesis de nuevos elementos protéicos de variada naturaleza (20).Estas sustancias estructuralmente similares a las proteínas de la célula humana, (21) han demostrado ser prometedoras en el tratamiento de algunas patologías de tipo viral, como es el caso de la Influenza tipo A y la hepatitis B crónica. (4) (5), donde el virus, (formado por un ácido nucléico y una proteína) es incapaz de reproducirse por si mismo, por lo cual, subvierte y altera los códigos genéticos y metabólicos de la célula, para lograr su replicación y extensión celular. Actualmente se desconoce puntualmente cual es el mecanismo de acción de estos oligopéptidos inmunomoduladores y la probable interacción que presentan con otras reacciones metabólicas del organismo, pero se han podido demostrar sus efectos biológicos (1) (4) (5) (6) (7) (8 ) ( 9) (10)) y sus efectos clínicos positivos, sobre los parámetros de peso corporal, mejoría del estado general, de la calidad de vida e incremento del tiempo de supervivencia, en pacientes oncológicos sometidos a quimio y radioterapia (11) ( 12) (13) (!4) (15)(16) careciendo virtualmente de los efectos colaterales presentados por los medicamentos usualmente prescritos.( Idem).Esta sola característica constituye una ventaja terapéutica, además de los bajos costos comparativos de estos compuestos con las terapias regulares. Motivados por la experiencia personal de un investigador colombiano el Dr Guillermo Mejía Mejía. Médico cirujano de la U. Javeriana de Bogotá, se conformó un grupo multidisciplinario compuesto por tres médicos clínicos. (Mejia G, Minotta C, Hurtado H,J.) un químico especializado en proteínas (Moreno M.C.) y un químico farmacéutico experimentado (De Urbina S.), quienes estudiaron clínica, bioquímica y farmacéuticamente, un nuevo compuesto protéico de tipo BRM (Uprone ®) obtenido por el primero, a partir de células del sistema linforeticular-animal. Este compuesto cuyas características físico-químicas han sido estudiadas, con los mejores recursos tecnológicos disponibles en nuestro medio, presenta un perfil electroforético con un altísimo contenido de inmunoglobulinas. (70 % aprox. de gammma globulinas 30% de betha y alpha globulinas), así como una franja consistente de oligopéptidos de bajo peso molecular situada en el orden de los 6.000 Daltons (21).
A diferencia de las experiencias clínicas europeas y asiáticas, circunscritas desde hace mas de treinta años a la terapia coadyuvante del cáncer, este grupo de investigadores se ha propuesto estudiar los efectos de este nuevo inmunomodulador, en diferentes patologías donde se supone existe un compromiso del sistema inmune, encontrando en la mayoría de los casos una excelente respuesta, en los parámetros clínicos y paraclínicos observados. (17) (18).En la actualidad han sido estudiados durante un periodo suficiente de tiempo (2001-2005), un grupo heterogéneo de 134 pacientes con diferentes patologías donde se incluyeron enfermos con lesiones oncológicas de diverso tipo y estadío evolutivo, Herpes Zoster, Artritis reumatoidea, Síndrome de Sjoengren, anemias aplásicas y displásicas de distinta etiología, etc.
Los resultados obtenidos permiten concluir a los autores, la necesidad de seguir estudiando con atención este tipo de compuestos y considerar su utilización racional en algunas de estas entidades. El supuesto efecto inmunomodulador de estos oligopéptidos, ha sido indiscutiblemente confirmado en la mejoría del estado ponderal, físico y energético y la normalización de los perfiles hematológicos, en la mayoría de los casos estudiados. Llama la atención la sorprendente respuesta clínica y hematológica observada en algunos casos de VIH-SIDA incluidos en el estudio, donde las cargas virales y los perfiles inmunes demostraron mejorías sustanciales, en un periodo de 35 a 45 días de tratamiento asociado.
El descenso dramático de las cargas virales de>390.000 y> 500.000 copias a menos de 400 y 50 copias respectivamente, en dos casos confirmados, no logrados durante más de dos y un año y medio de tratamiento convencional (18), alientan a los observadores a proponer un estudio a nivel Universitario o Gubernamental más consistente, dirigido a constatar y valorar los efectos específicos que estos péptidos podrían producir sobre esa patología en particular, en un grupo representativo de pacientes. En el tratamiento tradicional del SIDA, desde el advenimiento de la Zidovudina (AZT), se han venido desarrollando y utilizando un grupo particular de moléculas conocidas como sustancias antiretrovirales las cuales han demostrado tener un importante efecto sobre la disminución de las cargas virales, por parte de las estructuras nucleares y ribosomales de la célula afectada.
Cuando esto sucede, el fenómeno suele acompañarse de una mejoría del sistema inmune, comprometido específicamente por el virus de la inmunodeficiencia humana (VIH) Son pocos los especialistas disciplinados, que han intentado utilizar una terapia complementaria que le permita al sistema inmune deteriorado, lograr algún tipo de recuperación adicional, independiente del logrado con el control de la replicación viral. Es cierto que en el armamentarium terapéutico corriente, no se dispone actualmente de muchas alternativas que permitan lograr tal efecto. Pero, eso sería lo deseable, puesto que un sistema inmune modulado o incentivado en alguna medida, podría por si mismo, contribuir a la defensa y control de la enfermedad de una manera más eficiente.
Llamamos la atención a los médicos especialistas en particular, que deseen considerar en el futuro el manejo de este nuevo enfoque terapéutico: Un tratamiento metabólico de apoyo para ciertas enfermedades, en donde el deterioro y el descuido del sistema inmune, no permite una recuperación eficiente de las patologías.
Considerando por otra parte que, de hecho, algunas de las terapias tradicionales utilizadas en la actualidad, contribuyen de algún modo a empeorar el rendimiento del sistema inmunológico del paciente, lo cual obligaen algunos casos a suspender temporal o definitivamente los tratamientos.
No contemplar esta alternativa disponible, es también una forma de dejar en manos de otros médicos colaboradores bien intencionados, el manejo de esta faceta de la enfermedad, creando confusión y desagrado por parte de algunos especialistas. Creemos importante crear conciencia de la existencia de este tipo de sustancias y la necesidad de considerar su utilización concomitante o alternativa en algunos casos, para el tratamiento de una amplia gama de patologías de difícil manejo.
Nuestro sistema inmune fue dado por la naturaleza como mecanismo de defensa primordial para nuestra salud y es probado y aceptado, que un sistema inmunocompetente, nos permite defendernos mejor de las agresiones externas e internas que nos causan la enfermedad y la muerte.
El concepto de utilizar sustancias de apoyo, que demuestren un efecto inmunomodulador, debería formar parte del protocolo formal para el tratamiento de varias enfermedades, especialmente de aquellas en las que conocemos o creemos existe, un deterioro de dicho sistema, ya sea naturalmente asociado a la enfermedad o inducido como efecto colateral de otras terapias regulares. Existen otros tipos de compuestos de origen protéico vegetal, con alto contenido en aminoácidos esenciales, que han sido postulados y utilizados como terapia de apoyo para el sistema inmunológico, con algunos aceptados beneficios clínicos todavía no suficientemente referenciados. Algunos de estos, han sido erróneamente considerados como BRMs y se ha especulado con su uso.
Tal vez sea también por esta causa, que todavía persiste cierta aprehensión hacia este tipo de terapias y especialmente hacia los tratamientos de tipo biológico, pese a las observaciones categóricas de su eventual utilidad, por parte de investigadores reconocidos mundialmente como Goldstein en Inglaterra y Kasarov en Rusia, quienes han preconizado desde la década de los 80, la utilización sistemática de los oligopéptidos específicos de bajo peso molecular, de origen biológico, como tratamiento efectivo para el cáncer y otras enfermedades, donde existen trastornos metabólicos celulares reconocidos o sospechados. Hoy en día, países desarrollados y subdesarrollados del mundo, trabajan con entusiasmo en el IFN, las células madres, los extractos de placenta, etc. y se espera nuevamente un futuro alentador para las proteínas en el campo de la medicina, la farmacología y la industria.
Tal vez valga ahora recordar que las hormonas, la insulina, la tiroxina, la adrenalina, los corticoesteroides, los andrógenos y los estrógenos (todos ellos de origen protéico animal), fueron introducidos en la terapéutica corriente desde principios del siglo XX y han proporcionado eficiente alivio a un buen número de enfermedades metabólicas y endocrinas. Aspiramos a que el médico que encara la comprometida y difícil misión de curar, tenga una mente amplia y desprevenida, que descubra y recurra a todos los elementos que le sean de utilidad para lograr su propósito, teniendo en cuenta el aforismo hipocrático de "Primun non noscere". La obra y la experiencia de Ambrosio Paré (Siglo XVI) y otros investigadores modernos (Pasteur, Flemming, Kulhmey etc.) han demostrado también, que en el ejercicio, nos podemos encontrar con algo sencillo, que vale la pena considerar y experimentar, si con ello aportamos algún beneficio para la medicina y el paciente.
Bogotá, Mayo 2005 Extractado artículo G. Mejía M.D, M.A.S. Univesidad Javeriana. Publicado por PROMETEUS S.A, ( 2006) |